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 HISTORIA DE UN VAMPIRO 
Extremeño Infiltrao
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Registrado: 14 Ene 2007
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HISTORIA DE UN VAMPIRO
Volver a nacer, una nueva oportunidad

Estoy muerto, al fin ha sucedido. No esperaba un final así. Pero morí por ayudar a alguien de la comunidad y junto a los míos, no puedo pedir más.
¿Qué es esta sensación que me recorre por todo el cuerpo? ¿Es esto…morir? No, no es posible, siento que me puedo levantar, puedo abrir los ojos y ver, puedo…sentir. ¿Realmente estoy muerto? Asustado me levanto de lo que parece una cama pero ¿no morí en la calle? Antes de que me dé tiempo a sentarme con las piernas apoyadas en el suelo siento un terrible dolor en el cuello que me recorre el espinazo. Apoyada sobre la almohada mi mano siente algo líquido que aún conserva algo de calidez. Aunque asustado, miro que es y para mi sorpresa observo que es sangre…mi sangre…
Dirijo mi mano hacia el cuello y compruebo la terrible sospecha.

- No temas, es normal que estés asustado y lleno de preguntas, pero ahora debes descansar.-
Para mayor asombro mío veo, sentado en una silla de madera, al viejo Xalthus. ¿Qué está pasando? ¿Qué hace aquí el viejo?
- La noche ha sido larga, pero ya ha terminado, descansa.- dijo el viejo con tranquilidad, su voz resonaba con gran autoridad.
No se qué había ocurrido, pero un profundo sueño se adueñó de mi y, sin darme tiempo a acomodarme, caí sobre el lecho. Pero antes de dormirme por completo escuché:
- Mañana te lo explicaré todo, chiquillo mío. -


(…)

- No estas vivo, pero tampoco estas muerto. Lo creas o no ahora eres un ser muy diferente a un humano. Dime hijo, ¿qué sabes sobre los vampiros?-
Nada más despertar de ese sueño repentino el viejo se puso a hablarme. No sabía aún que pasaba. Ante la pregunta respondí:
- Pues…son seres de leyenda que beben la sangre de los vivos.
- Entiendo, ¿así que de leyenda? - el viejo se levantó de su silla, cogió un cayado de madera con el cual se apoyaba y se dirigió a la ventana más próxima.
Con un gesto de mano me invitó a levantarme y a que me dirigiera junto a él. Con otro gesto me indicó que me detuviera, él siguió acercándose a la ventana y se puso a un lado de esta.
- Dime, ¿los vampiros soportan la luz del sol? - dijo mientras levantaba las persianas dejando entrar la luz del atardecer, ¿pero de qué va todo esto? ¿Por qué el viejo insistía sobre el tema de los vampiros…?
- Según los libros y demás…no, no la soportan, pero ¿por qué preguntas todo eso? -
- Entonces, si lo fuéramos alguno de nosotros nos haría daño, ¿no es eso?-
- Si…si, pero…-
- Toca la luz -
Ese ataque en el callejón le ha debido de traumatizar, o tal vez es que estoy flipando por el golpe…o esto sea el infierno…
- ¡Vaya chorrada! Mira como la toco. - A pesar de mi valentía exterior por dentro tenía miedo, no sabía qué estaba haciendo exactamente, pero si hacía que el viejo me diera explicaciones lo haría. Mi mano se acercó lentamente hacia el haz de luz que entraba.
Y aquí fue donde empecé hacer mías las paranoias del viejo ya que cuando mi mano entró en el haz de luz no pude mantenerla ni por medio segundo. La luz me abrasó la mano como si hubiera metido la mano en aceite hirviendo.
- ¡¿Qué coño a sido eso?! -
- Tu leyenda. Querías explicaciones, bien, las vas a tener. Pero con lo escéptico que eres no creo que tragues con facilidad… En fin, siéntate y relájate, pues acabas de entrar en otro mundo diferente al humano. -
“Eres un vampiro, un ser de la noche que vive de la fuerza de los seres vivos, no solo de los humanos, también de animales y cualquier otra fuente de alimento. Los vampiros no somos como los ves en las películas, no del todo. Algunos pueden hipnotizarte, otros levantan huestes de muertos vivientes y otros pueden derribar un edificio sin mucho esfuerzo. Los vampiros nos dividimos en clanes, cada uno con su naturaleza, habilidades y poderes. Al ser vástago mío desde hoy serás miembro del clan Gangrel y yo seré tu maestro y tu mi aprendiz. Solo espero que no me decepciones como mi chiquillo.”
La verdad es que no me había enterado de mucho hasta ahora: soy un vampiro, tengo poderes y pertenezco a un clan llamado “Gangrel”. En resumen, estoy casi como empecé.
Con el tiempo lo fui asimilando poco a poco. El viejo Xalthus me entrenaba constantemente diciendo que yo sería el nuevo defensor de nuestra familia. Al parecer todos los del callejón sabían que el viejo era un vampiro y que yo no podía saber nada porque me estaba estudiando para convertirme o no en su chiquillo o aprendiz suyo. La verdad, siempre pensé que el viejo era raro, pero de eso a un vampiro… Al parecer fue mi madre (Celia) la que se lo pidió para que me convirtiera y tuviera una vida mejor…hasta en mi muerte mi madre sigue cuidando de mí… En fin, mi entrenamiento consistía en poner a prueba mis poderes y entrenarme con un cayado como el que el viejo usa para apoyarse. Me pareció de un absurdo total, pero al ver al viejo moverse con esa rapidez inhumana y esa destreza con un simple bastón era algo digno de admirar. Me adiestró para combatir de esta forma contra los humanos para no levantar nunca sospechas de mi identidad.
Los poderes vampíricos eran muy duros de manejar. Podía oír a los pájaros hablar entre ellos y hasta me hice amigo de un lobo plateado que se llama Colmillo gracias a la disciplina “Animalismo”. Podía agudizar mis sentidos y ver en la oscuridad como un animal, alargar mis uñas y cortar como una sierra, entrar en sintonía con la tierra o convertirme en un lobo o en un murciélago mediante la disciplina única de mi clan: “Protean”. Y para terminar era mucho más resistente de lo normal capaz de soportar el golpe más mortífero por medio de la “Fortaleza”, la tercera disciplina.
El viejo me enseñó a controlar estas disciplinas con paciencia y tranquilidad hasta que un día me dijo:
- No voy a enseñarte más de lo que ya sabes, el resto es cosa tuya. Ahora te encomendaré algunas misiones que te pondrán a prueba. Espero que las pases sin problemas, hijo. -
No se si eso de “hijo” es por algo o por nada, la verdad es que no me importa mucho. Serán manías suyas, como la mía de llamarle “viejo” en vez de maestro, mentor o sire, que quedarían mejor.
Antes de iniciar mi primera misión tuve una charla con él en el porche de la casa de madera en mitad del campo viendo brillar las estrellas y con Colmillo cerca de mí tumbado mientras el viejo y yo nos balanceábamos en las mecedoras:
- Dime viejo, ¿por qué me escogiste a mí? ¿Tengo algo en especial? O simplemente necesitabas a uno cualquiera y me pillaste a mi porque si. -
- ¿No te basta con saber que fue tu madre la que me lo pidió? -
- Eso no puede ser todo, creo yo…-
- Je,je, tienes razón, muchacho. Sí, no solo fue porque me lo pidiera Celia, ya tenía yo planes para ti. Como ya te dije, la sociedad de los vampiros se divide en clanes y que cada clan tiene su propia naturaleza que lo hace diferente al resto de clanes. El nuestro es un clan errante, que no tiene un hogar estable por mucho tiempo, somos viajeros y curiosos por naturaleza. Además somos los únicos vampiros que respetan la naturaleza en su estado más salvaje, un claro ejemplo es ese amigo tuyo. -
- Vale, y ¿qué te hace suponer que soy un viajero que le gusta la naturaleza? -
- Te he observado durante los últimos años y he visto en ti a un ser que no puede estar quieto por mucho tiempo, siempre desaparecías de madrugada y no volvías hasta la puesta de sol. - “Qué cosas de la vida”, pensé, “ahora solo salgo desde el atardecer al amanecer.”
- Bueno, ¿y lo de la naturaleza? -
- Ja,ja,ja,ja. Eso lo intuí porque el sitio que más frecuentabas era el Retiro, y aun sigues yendo ahí. -
- Así que me escogiste como tu chiquillo porque me iba al Retiro. -dije en tono sarcástico.
- No, eso eran puntos a tu favor para que te eligiera, pero lo que realmente me hizo saber de que eras tu y no otro es la noche del callejón donde estabas dispuesto a dar tu vida por ayudar a un miembro de la familia. Eso fue lo que te convirtió en lo que eres hoy. -
- Vaya, gracias. -
- No, gracias a ti. Aun no te había agradecido que me ayudaras esa noche, así que gracias. -
En ese momento sentí que realmente le importaba al viejo Xalthus. Pero aun rondaba una duda en mi cabeza…:
- Se supone que los vampiros son seres malévolos y matan y destruyen por alimento y placer, ¿por qué tú no eres así?, y ¿por qué yo no soy así? -
- Yo no soy ningún sanguinario, solo soy un animal que solo coge lo que necesita, ni más ni menos y te he educado así porque creo que es lo correcto. Nuestra familia nos proporciona la sangre que necesitamos para vivir y nosotros la protegemos de todo mal, tanto humano como vampiro. No lo olvides nunca, son nuestra familia.
En ese momento pensé que tal vez no todos los vampiros deberían de ser malos como nos lo ha vendido Holliwood en estos años y que tal vez sí sean como se ha descrito Xalthus: unos animales como otros cualesquiera solo que necesitan sangre para vivir en vez de carne o fruta o pan.
- Además, en caso de que no tengas comida cerca siempre puedes recurrir a los animales. Los demás clanes lo consideran degradante, pero si uno quiere sobrevivir a de adaptarse a lo que sea, ¿no crees? -
- Si, supongo. Gracias por despejar mis dudas vie…quiero decir, maestro. -
- Bien, ahora toca tu entrenamiento en solitario, ¿estas listo para las misiones? -
Me levanté de la mecedora, cogí mi cayado, avisé a Colmillo que se levantara y dije:
- ¿Por dónde empiezo? -

(…)

Las misiones del maestro fueron de aburridas a entretenidas y de fáciles a difíciles. Recuerdo la gran mayoría pero solo contaré aquellas que más me gustaron. Intentaré no aburriros mucho, pero algunas historias son buenas de escuchar para poder aprender algo sobre este mundo, más concretamente sobre el nuestro.

El corazón de los vampiros:

- “¡¿Cómo puñetas quiere que me haga más fuerte con esta misión de mierda?!” - pensé para mí. Esta misión consistía en escoltar a unos vampiros de “alto rango” hasta la casa de unos amigos que estaba situado en una zona algo conflictiva de Madrid. Yo no llevaba ni año y medio como vampiro, pero estos eran muy jóvenes. Jóvenes y estúpidos. Un Ventrue y sus amigas Toreadoras, o lo que es lo mismo: un “sangre azul” y dos “pijas” eran los sujetos en cuestión a los que debía proteger. “Qué emocionante…”
Había algunas amenazas en la ciudad que pretendían debilitar el poder de la Camarilla, miembros del Sabbat o vampiros rebeldes, y aunque parezca mentira ese poder lo poseían sobre todos estos despojos de vampiro y sus clanes y por orden de mi maestro debía cuidar de ellos. “Ahora también soy canguro”
- ¿Por dónde esta esa amiga vuestra? - pregunté al Ventrue, ya que parecía tener algo sobre los hombros, no como las otras dos.
- Ya estamos cerca, ahora girando a la derecha. - dijo.
- Fascinante… -
Este paseo me aburría mucho, no me gustaba estar tanto tiempo en la ciudad, y menos sin hacer nada. “Ojala haya alguien al torcer la esquina para divertirme…” soñaba para mi. Esta claro que tenía que haber deseado ser rico o una crema protectora contra el sol para vampiros, si lo hubiera sabido antes…
Al girar la esquina nos esperaba una calurosa bienvenida estilo “demonio”, miembros del clan Tzimisce con sus caras raras y sus pinchos en sus brazos y piernas. Siempre me dieron repelús.
- ¿Quiénes son esos tipos? - preguntó asustado el joven Ventrue.
- Enemigos. Alejaos, podré con ellos si no interferís. -
- Tu solo no podrás, son cuatro contra uno, te ayudaremos. - dijo una de las Toreadora. Parecía que realmente pensaba ayudarme, pero este era mi trabajo, así que negué la ayuda.
- Mi misión es protegeros, eso me ordenó mi sire y eso haré. Moveos de aquí pero sin alejaros mucho. No os preocupéis, estos son basura. -
- Tu, imbécil, si nos entregas a los niñatos te dejaremos que te largues sin muchos moratones. -
- Sería un placer dártelos, pero son míos temporalmente y no me apetece entregártelos. No es nada personal, son órdenes del jefe. -
- Gusano, vas a pagar tu insolencia. ¡Muchachos, atacad! -
Me quité el poncho (por así llamarlo) que me cubría para moverme con más facilidad y solté el cayado con el que siempre iba. Saqué las garras Protean y me lancé al combate. Por esto mi sire me ha castigado muchas veces pero qué le voy hacer, soy un temerario.
El combate fue más duro y largo de lo que esperaba, pero no eran vampiros muy evolucionados en sus disciplinas, si no hubiera tenido problemas con su Vicisitud. A uno le arranqué un buen pedazo de carne con las garras que lo dejó tumbado en el suelo aullando de dolor. Sobre otro me abalancé y del puñetazo que el di directo a la cabeza cayó al suelo un cuerpo sin cabeza que acto seguido se hizo cenizas. Me atacaron con pistolas y algunos con puños americanos, “vaya panda de debiluchos, no pelean con su cuerpo”. Algunas balas me dieron, algunas en la misma cabeza, pero eso no puede detener a un vampiro y menos con la Fortaleza de mi clan. Los que me atacaron con los puños los respeté un poco por atreverse a acercarse, así que los maté rápidamente y sin dolor (si se considera indoloro que le taje la garganta con las garras de un golpe seco).
A los armados con armas de fuego, por no tener honor, a uno lo cogí por el cuello y le arranqué el brazo que sostenía su arma y lo tiré al suelo (el brazo) y lancé lo que quedaba del desperdicio hacia su compañero. Fue divertido ver la cara de pánico de ese cretino que se hacía llamar vampiro. Mientras su compañero amputado se retorcía del dolor su cara se puso pálida (es una expresión, ya que somos todos pálidos). Me acerqué a él, lo levanté, lo alcé por encima de mi cabeza y le dije:
- Si te portas bien y te largas sin armar más escándalo te dejo vivir, ¿estamos? -
Y qué hizo el insensato, alzó la pistola y me disparo al estómago. “Aun no se había enterado de que eso no funcionaba”.
- Bien, como quieras. -
Eso fue lo último que escuchó en su no vida. Tras el golpe fatal se hizo polvo. Los esbirros que aun sufrían seguían donde los dejé. Me acerqué y los ofrecí largarse con lo que aun conservaban de su miserable existencia. Estos fueron más listos y se alejaron en la noche.
Volví a donde dejé mi ropaje y mi bastón, donde se encontraban los criajos esos. Estaban con las bocas abiertas, supongo que por el espectáculo.
Seguimos el resto de la travesía pero esta vez con más conversación. Parecían fans míos preguntándome y adorándome, “no valgo para esto…” Una de las chicas me ofreció un paño con el que limpiarme la sangre derramada en combate. Todo un detalle viniendo de una Toreadora que no prestaría ni su bolígrafo para tomar nota de algo.
Al llegar al lugar en cuestión la pandilla me invitó a la fiesta, cosa que rehusé. Insistieron durante un buen rato hasta que me dejaron. No soporto esas fiestas de sangre y orgía todo en uno: o se está a una cosa o a la otra (je,je, chiste fácil).
Tras retirarme del callejón mi olfato detectó aroma a vampiro “¿aun insisten?”. Sin volver la vista atrás dije:
- Sal si no quieres que te saque yo. -
Al mirar vi salir a una chica de entre unas cajas donde estaba observándome y posiblemente siguiéndome desde hace un buen rato.
- Si quieres algo dilo rápido que tengo ganas de descansar. -
- Necesito que me ayudes. - dijo con una voz tierna. “Si cree que así va a conquistarme va de culo”. - Por favor. Te he visto antes y necesito tu ayuda. - comenzaba a acercarse lentamente hacia mi posición.
- ¿Ayuda? Mira nena, yo he cumplido por hoy mi cupo de ayuda a los desamparados así que no me molestes. - y me di media vuelta para seguir mi camino.
- Por favor, necesito que me protejas. Te he observado, eres fuerte y puedes ayudarme…por favor.-
En el aire se olía a humedad, “¿estaría llorando?”. Me volví de nuevo hacia ella y así era. De sus ojos bajaban gotas de tristeza. No se porqué pero esa chica tenía unos ojos que me atraían. AL final…
- Está bien… ¿Qué te ocurre? -
- Me persiguen… unos hombres me persiguen… -
- Se que me voy a arrepentir pero…anda, ven conmigo, te llevaré a lugar seguro. -
- ¿De verdad? ¡Muchas gracias! -
Y cogiendo toda la confianza del mundo me abrazó y después me miró con esos ojos cautivadores llenos de alegría y con una hermosa sonrisa en sus labios. El viejo me enseñó a soportar los ataques hipnóticos y esto no era un ataque de control mental. A pesar de que olía a vampiro ahora que la tenía más cerca notaba un sutil aroma humano. Y esos ojos no parecían de un cadáver andante como yo, perecían humanos, muy humanos.
Me acompañó como la propuse pero durante todo el camino iba agarrada de mi brazo y miraba a todos lados asustada. Realmente me creí que estaba en algún lío del copón.
Al salir de la ciudad y alejarnos nos esperaba Colmillo. Fue curioso ver como ninguno de los dos se asustaron al verse mutuamente, parecía que se gustaban y todo.
Antes de llegar a la cabaña del viejo la chica se desmayó, posiblemente de cansancio y falta de sangre. Pero no podía darle de la mía, pues seguramente no sería inmune al Vínculo de Sangre y mi sire me enseñó a no hacer eso ya que podría crear adicción hacia mi sangre y convertirse en una especie de esclava mental, y yo no era de esos. La llevé el resto del viaje en mis brazos y al llegar a casa informé al viejo.

(…)

- Parece que ya despierta. Está claro que no había parado de huir desde hace tiempo y no se había alimentado, por suerte sabe controlar bien a la Bestia. - dijo Xalthus.
- Eso parece. -
- Puedes irte e descansar, no hace falta que te quedes vigilándola, ya me ocupo yo. -
- No te preocupes, estoy bien. Me quedaré aquí para escuchar su historia, después de todo me pidió ayuda a mí. -
Al viejo se le escapó una sonrisa y se paró a ver como miraba a la chica. Se creerá que no sé lo que piensa y está equivocado, no siento nada por ella. Si lo sintiera notaría esa sensación en el corazón y como estoy muerto no siento nada. Mi filosofía era que al morir un hombre es incapaz de amar a alguien, aunque aun seguía queriendo a mi madre y a mi familia…pero eso es distinto.
- ¿Don…dónde estoy? - preguntó asustada y conmocionada.
- Estas entre amigos, no temas. Mi chiquillo te trajo a mi casa. -
- Es verdad…me acuerdo de eso, gracias por ayudarme… - dijo dirigiéndose a mí.
- No soy una mala persona, eso es todo. - Otra vez esos ojos tan dulces se cruzaron en mi mirada. ¿Qué tenían en especial que no me lo podía quitar de la cabeza?
- Bien niña, te hemos ayudado por ahora, pero necesito que me cuentes tu problema, de qué huyes y a qué temes. -
La joven habló y contó toda su historia. Al parecer fue convertida hace poco en vampiro y estaba confusa. No sabía lo que pasó, pero según contaba se encontró despierta en una casa con unos vampiros para los que fue obligada a hacer unos trabajos para el Sabbat. Consiguió huir y los tipos la buscaban, pues temían que fuera a contarle las operaciones en cubierta al Príncipe de la ciudad y sus planes se arruinaran.
- Entonces no conoces a tu sire. - dijo el viejo.
Con algo de vergüenza dijo que no.
- Entiendo, entonces no conoces tu clan. -
- No, soy una Caitiff. Entenderé que no me ayudéis. - Los vampiros que son transformados y luego abandonados a su suerte son los llamados Caitiff y tienen que aprender ellos solos y son considerados como desechos vampíricos. La chica fue valiente al decirnos quien era, muy pocos se hubieran atrevido.
- Te he dicho que somos amigos y no temas, daré parte al Príncipe ahora mismo. Cuida de ella en mi ausencia, que no salga de aquí hasta que esto se resuelva, es una orden. -
- Como ordenes, maestro. - y el viejo se transformó en murciélago y se fue volando (literalmente).
Y ahí estábamos, ella tumbada en la cama y yo de pie apoyado sobre la pared mirándola. Ella, tímidamente, me sonrió y me dijo:
- Gracias otra vez por ser tan bueno conmigo. Estoy en deuda contigo.
- No me debes nada, solo estaba de paso y como no soy un monstruo te ayudé, no le des más vueltas. -
Estuvimos un rato mirándonos sin decir nada. Ella me sonreía de vez en cuando tímida.
Al final empezamos a hablar, al principio de lo típico: nombre, como se transformó, su vida antes y después de vampiro…Total que descubrí que se llamaba Mónica y que antes vivía con sus padres hasta que un día fue secuestrada por unos tipos que la obligaron a “currar” para ellos y en pocos días fue convertida en no muerta.
Sin darnos cuenta de la noción del tiempo e imponiéndonos al instinto del sueño diurno nos amaneció y continuamos hablando. Cogiendo confianza me senté a su lado en la cama, donde ella ya estaba incorporada.
Mientras hablaba con ella, en mi pecho empezaba a notar algo extraño, una sensación casi olvidada y para cuando me quise dar cuenta ya la estaba besando. Fue algo que creí perder al convertirme en Vástago, era un recuerdo perdido que recuperé gracias a esa chica que ahora estaba invitándome a entrar junto a ella en su lecho.
Cuando volvió mi sire, al atardecer del día siguiente, nos encontró dormidos en la misma cama, abrazados y sin ropa…sobran los detalles.
Al final Mónica acabó viviendo con nosotros y el viejo consiguió que todo el asunto de los traidores a la Camarilla se resolviera. Mónica se convirtió en una hija más del viejo y en mi mejor amiga y desde entonces hacíamos juntos las misiones y los entrenamientos. “Tranquilo Colmillo, que tu también eres mi mejor amigo, jeje”. Con el tiempo Xalthus y yo descubrimos que Mónica poseía poderes de los Lasombra, el clan líder del Sabbat, y aprendió a usar muy bien sus poderes de Obtenebración. Posiblemente le esté agradecido eternamente al viejo por mandarme a aquella misión tan triste donde pude conocer a mi esposa.

Pactar con el lobo:

Volvía de defender el callejón de la familia y me dirigía al cementerio a saludar a un ser querido, mi madre. Hace ya dos años de eso pero su recuerdo aun perdura en mi mente. Recuerdo que murió con una sonrisa en la cara y sus últimas palabras aun resuenan en mi cabeza: “me muero pero no te preocupes, mientras tu me recuerdes yo seguiré viviendo. Me alegro de haberte cuidado todos estos años. Te quiero, hijo mío.”Murió, según ella, porque su destino en la vida se había cumplido y porque Dios ya la llamaba en Su presencia. Cada vez que recuerdo sus palabras, una lágrima recorre mi mejilla.
Regresé a casa del viejo Xalthus donde me esperaban él, Colmillo y Mónica. Había sido un día tranquilo y por eso no me fui a descansar inmediatamente. Me senté en el suelo del porche junto a Mónica y Colmillo apoyó su cabeza sobre mis piernas. Estuve un rato hablando con Mónica hasta que se fue a descansar, ya que ella también cumplía misiones de Xalthus. Me quedé un rato de pie contemplando el cielo estrellado y luego me fijé que algo inquietaba al viejo, no era normal de que estuviera tanto tiempo sin decir nada.
- ¿Ocurre algo, maestro? -
- Hmm…no, no es nada… -
- Te conozco desde hace ya 10 años, no me puedes ocultar nada
- Está claro que te he enseñado bien, me alegro. Si, es cierto, estoy preocupado por un asunto… -
- Dime que hay que hacer y me pondré a ello mañana mismo. -
- Dime, ¿crees que ya eres suficientemente fuerte? ¿Que puedes cumplir mi última misión? -
El viejo empezaba a asustarme.
- Claro que si, me has enseñado bien, además ahora tengo muchos motivos por los que vivir, no fallaré. -
- Una vez asumes una decisión no puedes echarte atrás, ¿eres consciente, no? -
- Como te he dicho, dime de qué se trata. -

(…)

Al anochecer siguiente me despedí de Mónica y Xalthus, Colmillo insistió en acompañarme. Me fui directo a un viejo bosque que me había indicado mi sire, un bosque viejo como la misma Historia y lleno de la misma.
En ese bosque, según mi sire, la cúpula del bosque era tan densa que no debía temer al amanecer mientras estuviera dentro de la cúpula. A lo que realmente debía de temer, y temía, es a encontrarme con los habitantes de ese lugar: los licántropos, seres humanos con la capacidad de transformarse en lobo. Eran los peores enemigos de todo vampiro ya que los Hijos de Gaia, como ellos se denominan, odian a los vampiros por no ser seres naturales, hijos de la Tierra. Por ello la rivalidades entre ellos y nosotros era ya casi una guerra abierta, como ya ocurrió en la Guerra de Troya.
Pero no todos los vampiros hemos olvidado nuestra parte animal, nosotros los Gangrel sabemos convivir con ella y aceptarla, no como los otros cretinos que se creen por encima de nosotros. Y es por este motivo que los hombres lobo y algunos miembros del clan Gangrel fueran aliados y un miembro más de la manada y del clan, respectivamente. Para ello era necesario sellar un pacto de verdadera fe y compromiso, pacto que el viejo hizo en su momento y que ahora quiere que lo haga yo.
Al parecer tengo que llegar hasta un pequeño monolito de piedra natural que está situado en el corazón del bosque, presentar el collar de plumas y huesos que tenía el viejo, esperar a un licántropo llamado Gaar y superar la prueba que me imponga, espero que cosa fácil y que no sea derrotarlo, pues sino habré fracasado en mi misión ya que es imposible vencer a un lupino antiguo como lo era Gaar, es difícil para el viejo imaginaos para mí.
Llegué al sitio. Durante todo mi viaje podía oler el aroma a lobo, y Colmillo también. Nos habían seguido todo el camino vigilando nuestros movimientos. Esto no me gustaba nada. Dejé el collar encima del montón de piedras y esperé al que apareciera el tal Gaar. Esperé durante dos días y dos noches, siempre despierto, alerta de cualquier ataque enemigo. Al final, un lupino salió de la espesura y me desafió. Me incorporé dispuesto para el combate, pero algo me dijo que ese no era Gaar.
- Lo siento, no es nada personal, pero no es a ti a quien espero. -
- ¡Qué ocurre! ¿¡Me temes!? Vamos, ¡lucha! -
- No lucharé contra ti, no eres mi oponente. ¡Gaar! ¡¿Dónde estas?! ¡Vamos, que no aguantaré mucho más! ¡Me manda Xalthus! -
De repente, igual que apareció, desaparece el lupino que me había retado y solo queda el silencio. Agotado por no haber comido nada en dos días se me plantea en la mente la idea de abandonar. Pero de entre las sombras de la espesura surgió una nueva figura. Por su apariencia parecía tan viejo como Xalthus. Dio unos pasos hacia mí y me dijo:
- ¿Eres tú el nuevo pactante? -
- Supongo. - cogí el collar, - Me envía Xalthus. ¿Eres Gaar? -
- Vaya, así que aun vive… Sí, soy Gaar, y tú eres el chiquillo de Xalthus, ¿verdad? ¿Cómo se encuentra? Hace mucho que no lo veo. -
Su voz imponía respeto. Me recordaba mucho al viejo.
- Se encuentra como siempre, igual de muerto como yo. -
El hombre se hachó a reír con fuerza. Su risa hizo que todo el bosque se estremeciera.
- Tienes sentido del humor incluso delante de un Hijo de Gaia, me gustas muchacho. -
- Entonces, ¿me pondrás a prueba? -
- Si tienes el collar de la manada de Xalthus y él te envía estoy en la obligación de comprobar tu espíritu. Muy bien, Hijo de Caín, ven aquí y enfréntate a mí. -
“Mierda, al final tengo que enfrentarme a un lupino. Si tuviera toda mi fuerza tal vez…pero estoy cansado, no aguantaré mucho contra un hombre lobo anciano. Supongo que tendré que retirarme.”
- ¿Cómo te enfrentaras a mi? -
Seguía desafiándome, no sabía que hacer, así que opté por la vía diplomática, la cual no era mi fuerte, pero parecía la única manera de salir se ese bosque sin morir (otra vez).
- Si la prueba consiste en enfrentarme al ser con el que vengo a sellar un pacto de fe tengo que renunciar al pacto, pues soy incapaz de atacar a un aliado. - Creo que esta fue la vez donde más incliné la cabeza ante alguien que no fuera mi sire.
- Entonces he de entender que no quieres pelear. -
- Supongo que sí, esa es mi respuesta. - Entonces esa montaña de músculos se acercó a mí. Pensé que era mi fin cuando puso su zarpa sobre mi hombro (que en realidad era su mano sin transformarse pero igual de peluda y con unas uñas que parecían las manos de un oso) y me dijo:
- Sello pactado. - No me podía creer lo que escuchaba.
- ¿Co…cómo? Pero si no he superado la prueba…tenía que… -
- Has superado la prueba. Si me hubieras atacado te hubiera matado. Como tú has dicho, no atacarías a un aliado. Ésa era la prueba de fe verdadera, nunca dañes a un miembro de la manada y la manada te protegerá eternamente. Felicidades, puedes prestar juramento. -
Increíble… ¡resulta que no tenía que atacarle! Y pensar que casi dejo que mi instinto me dominara… está claro que tengo algo encima de los hombros después de todo.
- Juro ante ti, Gaar, Hijo de Gaia, nunca atacar a miembros de tu especie, preservar los modos de vida tradicionales y proteger a la Madre Tierra de todo agresor. -
- Y yo acepto el juramento y a partir de ahora eres miembro de la manada. Cuando estés en problemas, yo mismo iré a ayudarte. -
Y tras esto se quitó un pequeño brazalete que me ofreció como signo de nuestro pacto. Lo había conseguido, otra misión cumplida. Tras alimentarme iría corriendo a ver al viejo y a Mónica… Debí correr más…
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